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Nuestra
espiritualidad es eucarística, mariana e ignaciana
Igual
que Jesús, queremos ser unas “mujeres para los demás”.
Por eso, nuestra única razón de ser es prolongar en
la historia la razón de ser de Jesús: dar a conocer
a Dios como Padre, liberar de todo aquello que nos impide vivir
con la dignidad propia de hijos e hijas de Dios y ayudar a crear
las condiciones para que todos vivamos como hermanos. Nuestro estilo
de vida nos permite ser un cuerpo ágil y cohesionado para
ser enviado a cualquier parte del mundo. [Sigue]
Un
carisma implica una sensibilidad especial ante determinadas necesidades
que, miradas con amor, se escuchan como llamadas de Dios. No basta
compadecerse del sufrimiento humano, hay que actuar. Dolores Sopeña
vio lo que, entonces, pocos veían: un mundo fragmentado,
personas cuyos derechos eran conculcados, hombres y mujeres que
no conocían el rostro amable de Dios. Por eso nosotras somos
llamadas a construir frater-nidad; a trabajar por la dignidad de
la persona, por su promoción integral; a dar a conocer a
Dios a un mundo espiritualmente huérfano. [Sigue]
El
Instituto Catequista Dolores Sopeña constituye una fórmula
original de presencia en traje seglar en medio del mundo, que integra
la total consagración a Dios y la dedicación exclusiva
a los ideales de promoción humana y evangelización.
Vivimos en medio del mundo para hacer presente el amor eficaz y
salvador de Dios. [Sigue]
Vivimos
en comunidad, compartiendo la fe, la vida y la misión con
aquellas que han recibido la invitación a vivir el mismo
carisma. Nuestra vocación a vivir «vida de familia»
también im-plica la llamada a compartir nuestra espiritualidad
y misión con laicos que desean vivir su vocación cristiana
al estilo Sopeña. [Sigue]
Otro
rasgo de nuestra espiritualidad es la conciencia de ser instrumentos
en manos de Dios… Estamos convencidas de que Dios necesita
personas para construir un mundo más justo y más humano…
Mujeres que estén en sintonía con su proyecto y que
se dejen modelar al estilo de Jesús… Por eso ponemos
todo lo que somos y lo que tenemos en sus manos, para que Él
siga presente en nuestro mundo a través de nosotras. [Sigue]
El
mundo de hoy está cansado de palabras… No quiere oír,
quiere ver… Más que hablar de Dios, se necesitan testigos,
personas que lo hagan “visible”. Nosotras deseamos transparentar
de manera diáfana, com-prensible y exagerada la primacía
absoluta de Dios, ser el rostro amable de un Dios Padre–Madre
que acoge a todos con ternura; presencia solidaria de un Dios compasivo,
comprometido con la causa de sus hijos. [Sigue]
Dolores
Sopeña llama a María «Primera Catequista del
mundo»… Contemplando a María descubrimos nuestra
identidad más profunda. De ella aprendemos a vivir nuestra
vocación. Ella es el modelo de mujer consagrada en medio
del mundo; es la madre que contempla al mundo con ternura; la mujer
fiel que permanece junto al Hijo sufriente al pie de la cruz; la
que reúne en torno a así a los hijos dispersos. [Sigue]
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